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Gordon Willis: el príncipe de las tinieblas

Gordon Willis, conocido como el “Príncipe de las Tinieblas”, revolucionó la cinematografía con su estilo único y audaz. Willis, uno de los máximos exponentes del movimiento naturalista que cambió la forma de ver el cine en los años 70, destacaba por su habilidad para jugar con la luz y los contrastes, creando atmósferas inolvidables en cada una de sus películas.


Una de las técnicas más distintivas de Willis era la iluminación cenital. Este método, que consiste en situar el foco de luz en la parte superior de la escena para iluminar desde arriba, le permitía crear efectos visuales sorprendentes. Un claro ejemplo de esto se puede ver en “El Padrino” (1972), donde los ojos de Marlon Brando no se ven con claridad. Esta elección no solo ocultaba el maquillaje excesivo del actor, quien debía aparentar mayor edad, sino que también añadía una capa de misterio y profundidad al personaje de Vito Corleone.


Además, Gordon Willis jugaba con los contrastes de luz y sombra, alternando entre oscuridad y luz de manera magistral. Iluminaba los rostros de los actores de forma que un lado aparecía iluminado y el otro no, simbolizando el carácter dual de los mafiosos, personajes con un lado siempre oculto. Esta técnica se convirtió en una firma visual que le permitió explorar temas de dualidad y moralidad de una manera visualmente impactante.


Willis también era un maestro de la subexposición, utilizando la oscuridad como un elemento narrativo más. En lugar de simplemente iluminar las escenas de manera convencional, aprovechaba las sombras y la falta de luz para crear una atmósfera única, convirtiendo la subexposición en un arte. Su enfoque transformó la manera en que se percibe la iluminación en el cine, haciendo que cada sombra y cada penumbra contara una parte de la historia.


La colaboración de Gordon Willis con Woody Allen es otra faceta destacada de su carrera. Trabajaron juntos en varios filmes icónicos, siendo “Manhattan” (1979) uno de los más notables. En esta película, Willis utilizó un estilizado blanco y negro que capturó de manera perfecta la esencia romántica y melancólica de Nueva York. Su trabajo en “Annie Hall” (1977) también es memorable, donde la iluminación naturalista de Willis complementaba perfectamente el tono íntimo y personal de la historia. Juntos, Willis y Allen crearon algunas de las imágenes más emblemáticas del cine, estableciendo un estándar visual que ha influido a generaciones de cineastas.









*Fuentes:

welabplus.com

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